“Sinapsis: diálogos entre la Ciencia y el Arte”, expone como lo artístico trabaja en nuestro cerebro, repercutiendo en lo emocional.

El evento se llevará a cabo el próximo domingo 8 de julio, en Espacio Arte Naranja, ubicado en Alem 3633 Mar del Plata a las 19 horas.
El encuentro forma parte del proyecto “Neuroestética”, iniciado en 1999 por la docente y artista visual del Centro Cultural Virtual Fares Taie, Silvina Mediondo y el neurocirujano y filósofo, el Dr. Eulogio A. Mediondo.
En este encuentro, el Dr. Ignacio Mediondo, neurocirujano y docente, abordara como un hecho artístico trabaja en nuestro cerebro y emociones. Vinculando su saber científico con su experiencia como cantante del grupo musical “Conatus”.
El espacio contará con su música, las primera proyecciones de Manuela Gil Mendiondo, las pinturas e instalaciones de la artista Silvina Mendiondo, la organización de Alicia Ceribe y el público, que se convierte en partícipe necesario, descubriendo nuevas emociones para desarrollar la energía creativa.

El tema convocante para el año 2018 es "Aportes de la Psicología a las Problemáticas Contemporáneas".

• Cronograma:
Cierre de la Recepción de Trabajos: 12 de Junio de 2018.
Entrega de los Premios: en el X Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología, XXV Jornadas de Investigación de la Facultad de Psicología y Décimo Cuarto Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR.




• Modo de Presentación:Para conocer las condiciones que deben acreditar los autores para realizar la presentación de un trabajo es necesario leer detenidamente el Anexo I - Res. (CS) Nº 2109/03 y la Res. (CS) 1794/07.

El trabajo deberá tener una extensión máxima de treinta (30) páginas, escritas en español y firmadas con seudónimo. Se deberá acompañar con un resumen de no más de doscientas (200) palabras en español y en inglés. Los trabajos deberán presentarse en un (1) CD y en seis (6) copias en papel, en hojas tamaño A 4, cuerpo 12 Arial, con 1,5 de interlineado, escritas en una sola cara y numeradas.

Estas seis (6) copias deberán entregarse en un sobre cerrado con la única indicación en su frente del seudónimo utilizado y el título del trabajo presentado. Este sobre incluirá además otro sobre cerrado con las mismas indicaciones (seudónimo y el título del trabajo presentado), en el que el/los autores incluirán su CV resumido que deberá incluir sus datos personales (nombre y apellido, título profesional, cargo y categoría docente e institución en que ejerce su actividad, tipo y número de documento, domicilio, teléfono, correo electrónico), el título del trabajo, el seudónimo utilizado y la fecha de presentación. 

También deberá incluirse en este sobre el título de grado de cada uno de los autores y una nota firmada por todos los autores declarando conocer la resolución vigente respecto del premio y aceptar cada una de las normativas establecidas. Para descargar la nota Haga Click Aquí.

Los trabajos pueden entregarse personalmente o por correo postal. Para los envíos por correo se tomará la fecha del matasellos o el comprobante postal. No se admitirán trabajos remitidos por fax o correo electrónico.

La recepción de los trabajos se realizará en la siguiente dirección: Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Secretaría de Extensión, Cultura y Bienestar Universitario. (Concurso "Premio Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires"), Hipólito Yrigoyen 3242 (3er piso), 1207 Buenos Aires.

Bases del Premio Anexo I - Resolución Nº 2109/03 del Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires
Creación del Premio - Resolución Nº 2109/03 del Consejo Superior de la Universidad de Buenos AiresResolución Nº 1794/07 del Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires, que refrenda las modificaciones efectuadas.

• Declaración del Consejo Interuniversitario Nacional:
Ante las preocupaciones expresadas por distintos sectores de la comunidad universitaria por la publicación de la Resolución 1254/2018 del Ministerio de Educación de la Nación sobre “actividades reservadas” a los títulos regulados por el artículo 43° de la Ley de Educación Superior (LES), entendemos que es indispensable precisar la información que está circulando y despejar algunos equívocos sobre el objeto y los efectos de dicha resolución, así como acerca del procedimiento que dio lugar a su aprobación.

1. Las actividades profesionales para las que habilitan los títulos con reconocimiento oficial son fijados por las instituciones universitarias en ejercicio de su autonomía académica e institucional (Art. 29° y Art. 42° de la LES).

2. A las actividades profesionales para las que habilita un título se las denomina “alcances del título” (es lo que anteriormente se denominaba “incumbencias”).

3. Dentro del conjunto de titulaciones oficiales, la LES distingue un subconjunto de “títulos correspondientes a profesiones reguladas por el Estado, cuyo ejercicio pudiera comprometer el interés público poniendo en riesgo de modo directo la salud, la seguridad, los derechos, los bienes o la formación de los habitantes” (Art. 43°). Estas son las carreras regidas por el artículo 43° de la Ley de Educación Superior.

4. Las actividades que realicen estos profesionales que puedan implicar un riesgo directo, bajo su responsabilidad y como resultado de sus prescripciones, se denominan “actividades reservadas”. El “riesgo directo” se limita a aquellas actuaciones profesionales que puedan producir un daño o impacto negativo en alguno de los valores preservados por la ley de manera directa o inmediata. Es necesario circunscribir el sentido de riesgo directo, puesto que, de lo contrario, se podría interpretar que cualquier actuación profesional genera un riesgo a un bien público o un derecho. De allí que solo una parte del conjunto de alcances y habilitaciones profesionales de un título incluido en el artículo 43° deban ser definidas como “actividades reservadas”.

5. A diferencia del resto de los alcances de un título y de las habilitaciones profesionales que son fijados por cada universidad, las actividades reservadas son definidas y aprobadas por el Ministerio de Educación en acuerdo con el Consejo de Universidades (CU). Por eso son las mismas para todas las carreras que ofrezcan esa titulación y deban incluirse de manera obligatoria dentro de los alcances de ese título.

6. Estas carreras son evaluadas y acreditadas, dado que los profesionales egresados de ellas realizan intervenciones que pueden comprometer el interés público. De allí que la formación que ofrecen deba garantizar idoneidad para la realización de las actividades reservadas. Esta evaluación se realiza en base a los contenidos mínimos, la intensidad de la formación práctica y los estándares que define el Ministerio de Educación en acuerdo con el Consejo de Universidades (artículo 43° de la LES).

7. Las actividades reservadas pueden ser compartidas por distintas titulaciones reguladas, es decir, enmarcadas en el artículo 43° de la LES (Resolución ME 815/2009).

8. El resto de las carreras y títulos están regidos por el artículo 42° de la LES. Entre sus alcances no puede incluirse una actividad reservada a algún título regido por el artículo 43° de la LES.

9. A lo largo de las casi dos décadas de implementación de estas regulaciones y siguiendo una interpretación excesivamente amplia del artículo 43° de la LES, se consideró que la totalidad de los alcances de las titulaciones reguladas por el Estado debían ser actividades reservadas.

10. Esto generó una serie de problemas y distorsiones entre los que cabe destacar:
a) Que en el caso de las carreras reguladas, las universidades perdieron su atribución de definir los alcances de esos títulos, toda vez que el conjunto de estos alcances (comportaran riesgo o no) se consideraron “actividades reservadas”, cuya definición y aprobación, como ya dijimos, es atribución del Ministerio de Educación en acuerdo con el Consejo de Universidades.

b) Si a esto se suma que de acuerdo con el artículo 43° de la LES, los planes de estudio de estas carreras “deberán tener en cuenta los contenidos curriculares básicos y los criterios sobre intensidad de la formación práctica que establezca el Ministerio de Cultura y Educación, en acuerdo con el Consejo de Universidades”, se terminaron homogeneizando innecesariamente las carreras reguladas por el Estado, cercenando la autonomía académica e institucional de las universidades a las que refieren los artículos 29° y 42° de la LES. Cabe destacar que la regulación es sobre actividades específicas entre los alcances de un título y no sobre el conjunto de los trayectos formativos y planes de las carreras.

c) Por otra parte, la reserva de la totalidad de alcances de los títulos que pudieran comprometer el interés público, fue dejando sin alcances a otras titulaciones de campos afines no incluidas en esa categoría (véase punto 5). En efecto, se llegaron a reservar a ciertos títulos acciones como “intervenir en equipos multidisciplinarios” en el campo objeto de esa titulación, lo que impedía que cualquier otro título no regulado pudiera contar con el mismo alcance, lo que contradice, como es evidente, el principio mismo de multidisciplinariedad. Asimismo, muchas titulaciones reguladas reservaron la actividad “desempeñar la docencia en todos los niveles de enseñanza” en el campo respectivo, inhibiendo incluso que las carreras con titulación docente incluyeran este alcance, hasta que fueron finalmente incluidas en el artículo 43° de la LES. Incluso llegaron a reservarse actividades como asesorar en la formulación de políticas o participar en la elaboración de leyes vinculadas con el objeto de la titulación, impidiendo así que otras titulaciones no reguladas incluyeran actividades similares entre sus alcances. En un extremo de esta distorsión, el Ministerio de Educación, para otorgarles la validez nacional, obligó a muchas licenciaturas enmarcadas en el art. 42°, a incluir en sus planes de estudio la aclaración de que todos los alcances de esos títulos podían ejercerse sólo bajo la supervisión de un ingeniero en el área correspondiente.

d) Como consecuencia de la limitación en la posibilidad de carreras no reguladas de definir sus alcances sin superponerse con actividades reservadas a títulos regulados, comenzó a registrarse un aumento en las solicitudes de ingreso de titulaciones al artículo 43°, como medida para proteger el campo profesional.

e) De esta manera se distorsionó el sentido de este artículo, dirigido a garantizar la custodia del interés público para un grupo de actividades que, según se puede leer en la LES, debían ser fijadas con “carácter restrictivo”. Puede decirse que el artículo fue leído, y en parte utilizado, como una protección a los intereses de ciertas profesiones, cuando su función es la protección del interés social en función de asegurar, mediante la supervisión del Estado, la idoneidad en la formación para ciertas actividades profesionales identificadas como “reservadas” en función del riesgo que esas intervenciones pueden implicar.

11. Frente a esta situación, el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) comenzó a trabajar desde hace varios años en una interpretación más precisa del artículo 43° que permitiera distinguir, en una titulación regulada, las intervenciones profesionales que podían provocar riesgo directo (tal como lo prevé la ley), del resto de los alcances de esos títulos. De este modo, del conjunto de habilitaciones profesionales de estas titulaciones, solo un subconjunto muy restringido debe ser definido por el Ministerio de Educación en acuerdo con el Consejo de Universidades, mientras que los restantes alcances corresponde que los defina cada universidad en ejercicio de su autonomía y de acuerdo con sus propósitos, perfil y política institucional. Este criterio se plasmó en el Acuerdo Plenario N° 123/13 del Consejo de Universidades.

12. Una vez acordada esta interpretación, desde el CIN se procedió a revisar las actividades reservadas vigentes por campo de ejercicio profesional, considerando a la vez los alcances de carreras regidas por el artículo 43° y las regidas por el artículo 42° que compartían el mismo campo de actuación. En este trabajo se mantuvo un diálogo permanente con asociaciones de facultades y carreras y se contó con el asesoramiento de expertos propuestos por distintas universidades en cada área.
13. El resultado de este trabajo se sometió a la consideración del Consejo de Universidades que es el máximo órgano de coordinación y consulta para la formulación de las políticas generales en materia universitaria previsto en el capítulo 7 de la LES.
14. Una vez aprobada la reformulación de las actividades reservadas en el marco del CU, se elevó el acuerdo plenario correspondiente para que el Ministerio de Educación emitiera la resolución.

En síntesis:

La resolución 1254/2018 del Ministerio de Educación de la Nación NO recorta los alcances de ningún título ni cercena la habilitación profesional. Lo que hace esta resolución es LIMITAR las actividades reservadas a aquellas intervenciones profesionales que comportan riesgo para el bien público.

La Resolución 1254 solo adecúa las actividades reservadas de las carreras regidas por el artículo 43° de la LES, en función del criterio de “actividades que comportan riesgo” según la siguiente condición: el riesgo es efecto emergente de la actuación prescriptiva del profesional e involucra su actuación directa o mediada, pero bajo su responsabilidad en todo o en parte de las acciones.

Estas actividades NO indican todo lo que un profesional está habilitado a realizar. Solo aquello que, por su riego potencial, amerita tutela pública

El principal efecto de esta resolución es que preserva la atribución de cada universidad de definir los alcances de las titulaciones que emite, con excepción de ese conjunto de actividades reservadas -ahora limitado y definido con mayor especificidad- que debe ser aprobado por resolución ministerial con acuerdo del CU.

En concreto esto significa que esas titulaciones podrán seguir teniendo los mismos o más alcances que los que tenía (según lo decida cada universidad) y que solo un subconjunto de esos alcances será considerado como actividad reservada a esa o a otras titulaciones reguladas.

También recuperarán mayor autonomía en la definición de sus planes de estudio y formación, respetando su perfil institucional, en la medida en que la acreditación de carreras debe tomar como referencia el subconjunto de las actividades reservadas

En contraposición, las carreras no reguladas recuperarán la posibilidad de definir con mayor amplitud los alcances que son pertinentes al perfil, los conocimientos y las capacidades que tales títulos certifican.

La revisión de las actividades reservadas no afecta las habilitaciones profesionales de las carreras incluidas dentro del artículo 43° de la LES, si son mantenidas dentro de los alcances de los títulos, que, como debe recordarse, son competencia de la universidad que lo emite.

Es necesario advertir que defender que todos los alcances de una titulación regulada deben reservarse a ese tipo de titulaciones (tal como ocurría hasta ahora), favorece la imposición de intereses sectoriales y a veces corporativos, que pretenden hegemonizar un campo de desempeño profesional en detrimento de otras titulaciones y carreras que comparten ese campo. Desconoce, además, el derecho de las universidades a crear títulos, el proceso de complejización del sistema de carreras, así como la emergencia de nuevos campos de formación. Por último, conduce a la limitación de la autonomía de las universidades para establecer los alcances de las titulaciones que emite.
Consejo Interuniversitario Nacional
23 de mayo de 2018

Confluencia de caminos, a cargo de la Dra. Rosa María Baños Rivera.  


Viernes 1 de junio 12:30 hs.





Hoy desde Psicopienso queremos acercarte una nota escrita por Magdalena Gaggino y publicada por la AACP que nos parece muy interesante.
El trastorno bipolar es un trastorno mental severo caracterizado por alteraciones afectivas recurrentes. Se ha encontrado que además de sus manifestaciones, presenta una alta comorbilidad con otros trastornos, así como una alta mortalidad; incluso en pacientes que se encuentran bajo los efectos de la medicación apropiada (Gutiérrez y Scott, 2004). El trastorno bipolar afecta entre un 3 a un 5% de la población general. Sin embargo, se encuentra sub diagnosticado debido a su presentación compleja y diversa.

El trastorno bipolar es uno de los trastornos más incapacitantes. Junto con mayores tasas de desempleo y menores salarios en comparación con personas sanas; suele cursar con importantes alteraciones en el funcionamiento social. Las personas con trastorno bipolar tienen menos interacciones sociales y menores redes de contención social que sujetos sanos de la misma edad. Por otro lado, también suelen tener menos posibilidades de estar en una relación de pareja seria y/o contraer matrimonio. Aparentemente estas dificultades sociales se mantienen a pesar de los episodios,  predicen la posibilidad de futuras recaídas y son un factor de riesgo para el desarrollo de síntomas depresivos (Depp et.al., 2010).
En un estudio realizado con 164 pacientes con trastorno bipolar, se halló que existe una relación directa entre los síntomas depresivos del trastorno bipolar y el funcionamiento social. Del total de la muestra, la mayoría exhibía al menos algún tipo de dificultad social, y un tercio de los sujetos manifestaba dificultades en una prueba de competencia social. Dichas deficiencias no estaban relacionadas con factores demográficos, pero sí se halló un menor rendimiento en sujetos desempleados (Depp et.al., 2010).
Recientemente ha habido un creciente interés por comprender los déficits sociales en el trastorno bipolar desde el marco de la cognición social. Ésta última hace referencia a la habilidad de percibir, comprender y responder a las intenciones y conductas de los demás. La cognición social comprende diversos aspectos, entre ellos la percepción social, el reconocimiento de emociones, la teoría de la mente y empatía. Comprende procesos tanto cognitivos como afectivos. La mayoría de los estudios en cognición social en pacientes con trastorno bipolar se han centrado en tareas de reconocimiento facial de emociones. Sin embargo, los resultados no son consistentes hasta el momento. Aparentemente, se podría apreciar un déficit en el reconocimiento de emociones a partir de su expresión facial, independientemente de si el sujeto se encuentra en una fase maníaca, depresiva o eutímico. En un estudio realizado en el 2012, se encontró que los pacientes con trastorno bipolar tienen un menor desempeño en comparación con controles en tests de cognición social. Asimismo, estos déficits se asocian con una disminución de las interacciones sociales y el desarrollo de relaciones interpersonales (Cusi, MacQueen, y McKinnon, 2012).
La cognición social no sólo ha sido estudiada en pacientes con trastorno bipolar, sino también en sujetos con esquizofrenia. Se ha encontrado que al igual que las personas que padecen trastorno bipolar, los individuos con esquizofrenia presentan dificultades en diversos dominios de la cognición social; incluyendo el procesamiento emocional, la empatía y el conocimiento de normas culturales. Sin embargo, los pacientes con esquizofrenia muestran una mayor afectación. El factor que podría estar vinculado con este pobre desempeño en tareas propias de la cognición social es la integración de información contextual. En un estudio realizado por Baez et.al. (2013), se encontró que ambos trastornos muestran déficits en tareas de cognición social con  mayor sensibilidad al contexto; lo cual señala una potencial dificultad generalizada en el procesamiento de contextos sociales, (ya que los sujetos lograron resultados apropiados en tests que no eran sensibles a la información contextual). Por otro lado, ambos grupos (tanto los pacientes con trastorno bipolar, como los con esquizofrenia) manifestaron dificultades en el reconocimiento de emociones negativas. Los sujetos con esquizofrenia mostraron déficits en el reconocimiento del enojo y del asco, mientras que los que padecen trastorno bipolar fallaron con mayor frecuencia en la identificación de la tristeza. Estas últimas dificultades parecen correlacionar con una reducción del volumen y el nivel de activación funcional de zonas prefrontales (Baez et. al., 2013).
La era digital ha generado diversos cambios en las relaciones sociales; entre ellos la incorporación de internet como un medio de interacción vía el uso de las redes sociales. En un estudio, 30 pacientes con trastorno bipolar tipo I y II fueron comparados con 30 sujetos control de la misma edad, sexo y años de educación. Los resultados muestran que los sujetos con trastorno bipolar tienen menores vínculos sociales tanto en Internet como offline. Los autores sugieren que esto podría asociarse al deterioro cognitivo que presentan estos pacientes, asociado a una menor activación del cortex prefrontal. Estos resultados se manifestaron incluso en pacientes con trastorno bipolar que no se encontraban en una fase depresiva (Martini et.al., 2013).
En conclusión, el trastorno bipolar es un trastorno del estado de ánimo grave que puede llegar a ser incapacitante. Como todo trastorno, su pronóstico es mejor en la medida de que el paciente tenga un adecuado soporte familiar y social. Sin embargo, diversas investigaciones sugieren que los sujetos que sufren de dicho trastorno suelen ser más propensas al asilamiento social, la falta de pareja y el desempleo. Si bien la causa de dicha situación es diversa y compleja, uno de los factores que se ha aislado es el pobre desempeño en tareas que miden la cognición social. Estos pacientes manifiestan ciertos déficits en la identificación de respuestas emocionales, en el uso de las redes sociales como medio de vinculación, y la integración de información contextual a la hora de comprender un fenómeno o una situación. Si bien no existe suficiente evidencia al respecto, dichos déficits podrían estar vinculados con áreas y circuitos corticales. De todas maneras, de lo que sí existe suficiente evidencia es que el trastorno bipolar suele estar asociado a un pobre desempeño en situaciones sociales. Esto pone de relieve la necesidad de abordar este trastorno de manera compleja, teniendo en cuenta no sólo su manifestación más evidente: las fluctuaciones en los estados de ánimo; sino también las otras dificultades que suelen estar asociadas. Teniendo en cuenta que los pacientes con trastorno bipolar tienen un mejor pronóstico cuando cuentan con un adecuado soporte social, actuar sobre dicho aspecto puede ser una manera de garantizar una mejor calidad de vida a estos pacientes.

Bibliografía


  • Baez S., Herrera E., Villarin L., Theil D., Gonzalez-Gadea M.L., et al. (2013) Contextual Social Cognition Impairments in Schizophrenia and Bipolar Disorder. PLoS ONE 8(3): e57664. doi:10.1371/journal.pone.0057664.
  • Cusi, A. M., MacQueen, G. M., McKinnon, M. C., (2012). Patients with bipolar disorder show impaired performance on complex tests of social cognition Psychiatry Research, Vol. 200, pp. 258–264.
  • Depp, C. A., Mausbach, B. T., Harvey, P. D., Bowie, C. R., Wolyniec, P. S., Thornquist, M. H., Luke, J. R., McGrath, J. A., Pulver, A. E. y Patterson, T. L. (2012). Social competence and observer-rated social functioning in bipolar disorder. Bipolar Disorders, Vol. 12, pp. 843–850.
  • Gutierrez, M. J., Scott, J. (2004). Psychological treatment for bipolar disorders. A review of randomised controlled trials. European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience, Vol.254, pp.92–98.
  • Martini T., Czepielewski L.S., Fijtman A., Sodre´ L., Wollenhaupt-Aguiar B., et al. (2013) Bipolar Disorder Affects Behavior and Social Skills on the Internet. PLoSONE 8(11): e79673. doi:10.1371/journal.pone.0079673.
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